La Hipnosis para la Vida Amorosa
Pongamos de entrada este principio: no se cambia al otro.
Lo que sí se puede cambiar, y ya es enorme, es la propia parte: los esquemas que se repiten de relación en relación, el miedo al abandono que hace aceptarlo todo, los celos que envenenan, las discusiones que giran en bucle, la confianza que hay que reconstruir tras una ruptura.
Esta página cubre esos temas (dependencia afectiva y celos incluidos) y dice honestamente dónde se detiene nuestro ámbito: una pareja en crisis aguda corresponde a la terapia de pareja, y el control o el miedo dentro de una relación corresponden a ayudas especializadas.
La vida amorosa, tan importante
Usted está soltero, en una relación abierta, en una pareja reciente o madura…
Está satisfecho, frustrado, en cuestionamiento, a la espera…
Está en una relación complicada o acaba de atravesar una ruptura dolorosa…
Nuestra vida afectiva es crucial para nuestro equilibrio personal, y su vertiente amorosa e íntima puede ser fuente de grandes satisfacciones, pero también de grandes frustraciones.
Nuestra vida amorosa tiene patrones, y los patrones se trabajan
«Siempre acabo con el mismo perfil.» «Siempre discutimos por lo mismo.» «Todas mis historias acaban igual.»
Estas frases las oímos cada semana, y dicen una verdad valiosa: la vida amorosa no es una lotería, es un sistema.
Nuestras elecciones de pareja, nuestras reacciones en el conflicto, nuestros miedos dentro del vínculo reproducen aprendizajes antiguos: la manera en que se nos quiso, se nos tranquilizó o se nos volvió inseguros, mucho antes de la primera historia de amor.
La buena noticia cabe en una línea: lo que se ha aprendido puede reaprenderse.
Ese es exactamente el nivel en el que trabaja la hipnosis: no las resoluciones de superficie («esta vez elegiré mejor»), sino los automatismos que eligen en su lugar.
Los escenarios dañinos
La dependencia afectiva: cuando el otro se convierte en el oxígeno

Es uno de los motivos de consulta más frecuentes, y de los más dolorosos.
Lo que se llama dependencia afectiva no es «querer demasiado»: es tener miedo al abandono hasta el punto de que la relación se convierta en una cuestión de supervivencia.
Las señales se parecen: la angustia en cuanto el otro se aleja o tarda en responder, la necesidad constante de que le tranquilicen, olvidarse por completo (sus ganas, sus amigos, sus límites) para no desagradar, tolerar lo intolerable porque la soledad da más miedo que el sufrimiento y, entre relación y relación, ese vacío insoportable que empuja a llenarlo como sea.
Bajo la dependencia afectiva hay casi siempre lo mismo: una seguridad interior que no ha podido construirse, un amor aprendido como condicional, inestable o algo que hay que merecer.
El trabajo hipnótico se dirige precisamente ahí:
- construir la base de seguridad interna que faltó (convertirse uno mismo en ese punto de apoyo que se busca desesperadamente en el otro);
- desactivar el pánico al abandono (esa alarma desproporcionada que se dispara al menor silencio);
- reaprender a existir por derecho propio: ganas, límites, territorio;
- y, a menudo, revisitar con los recursos del adulto las escenas antiguas en las que se instaló el miedo.
El resultado no vuelve tibio el amor: lo vuelve libre.
Querer por elección y no por terror al vacío, lo que lo cambia todo, también para el otro.
Los celos: la película que el cerebro rueda sin pedirle permiso
Los celos corrientes (una punzada cuando el otro gusta) son humanos.
Los celos que envenenan son otra cosa:
- un proyector interior que rueda escenarios sin parar (el compañero de trabajo, el teléfono, el retraso);
- comprobaciones que alivian cinco minutos y alimentan la máquina durante semanas;
- interrogatorios de los que uno se avergüenza después;
- y una relación que se asfixia.
Porque los celos obtienen casi siempre lo que temen: agotan al otro.
Su mecánica se conoce: los celos no son un exceso de amor, son un déficit de seguridad, la certeza íntima de no ser «suficiente» (suficientemente bueno, interesante, digno de ser querido) proyectada sobre el otro, más, a veces, una vieja traición nunca digerida que vuelve a sonar.
El trabajo hipnótico actúa en los tres pisos:
- la seguridad interior (el mismo cimiento que para la dependencia afectiva: es la misma raíz);
- el proyector de escenarios (aprender a cortar la película en lugar de verla hasta el final, algo en lo que las técnicas de defusión en hipnosis destacan);
- y las compulsiones de comprobación, que se desactivan como toda compulsión: atravesando la incomodidad de no comprobar, primero en imaginación y después en la realidad.
Nuestro artículo dedicado detalla ese trabajo, véase Manejar mejor los celos.
Las discusiones que giran en bucle
Mismo tema, mismas réplicas, mismo final: cuando una pareja repite la misma discusión desde hace años, casi nunca es el tema aparente el que está en juego (los platos, la hora, la familia política).
Son dos heridas que se activan mutuamente: uno oye «no cuentas», el otro oye «nunca estás a la altura», y cada cual defiende su herida presionando sin saberlo la del otro.
El trabajo individual rompe ese círculo por su lado: identificar su detonante (lo que usted oye realmente bajo las palabras), desactivar su carga antigua (véase Gestión de la Ira) y aprender a decirlo de otra manera, porque un reproche convertido en petición tiene un destino completamente distinto (véase Confianza en uno mismo para la asertividad).
Que solo uno de los dos cambie su partitura suele bastar para cambiar el baile.
Video disponible en francés
Cómo puede acompañarle la Hipnosis en su vida amorosa
La rutina, el desamor aparente, y lo que esconde
«Le quiero, pero ya no sé si estoy enamorado»: detrás de esa frase rara vez hay un final, más bien una erosión.
La carga del día a día que ha sustituido a la curiosidad, los rencores no dichos que se han ido amontonando, dos vidas paralelas bajo el mismo techo.
El trabajo individual reabre lo que se ha cerrado:
- vaciar los rencores acumulados, antes de que decidan en su lugar;
- recuperar la mirada: la atención selectiva ha empezado a ver solo los defectos, y se reeduca;
- y volver a invertir, porque el amor de larga duración es menos un estado que una práctica.
Y cuando la intimidad se ha apagado con lo demás, nuestras páginas dedicadas toman el relevo, véanse Sexualidad Femenina y Sexualidad Masculina.
Después de la ruptura: la travesía y luego la reconstrucción
Una ruptura es un duelo: el de la persona, el de la vida construida, el de la que se imaginaba. Su travesía (las olas, la culpa, los «por qué») se acompaña en nuestra página Tristeza y Duelo.
Lo que esta página trabaja es lo que viene después:
- el ex que todavía obsesiona: los pensamientos en bucle, el perfil que se consulta, la esperanza que se reenciende con cada señal. Nuestro artículo Hipnosis para superar a su ex detalla esa desactivación;
- la confianza que hay que volver a dar, tras una traición o simplemente después de haber sufrido tanto: el miedo a volver a sufrir que hace huir o controlarlo todo;
- y las lecciones sin las cicatrices: comprender el propio esquema para no repetirlo, sin concluir que «el amor se acabó para mí».
Las referencias divulgativas sobre la ruptura coinciden además en un punto (AlloDocteurs): la reconstrucción es un proceso activo, no una espera, y un proceso es precisamente algo que se puede acompañar (Psychology Today).
Caso particular de la infidelidad atravesada en pareja: quedarse o marcharse no es una decisión que vayamos a tomar por usted.
Nuestro trabajo se centra en lo que permite decidir en frío: apaciguar las imágenes intrusivas, atravesar la herida, recuperar un suelo. Lo que sigue le pertenece.
Soltería que pesa, miedo al compromiso: las dos caras del mismo umbral
La soltería padecida y la huida del compromiso se parecen más de lo que parece: en ambos casos, algo filtra en la entrada.
En uno, es el esquema de elección (siempre atraído por lo no disponible, lo inaccesible, el «proyecto que hay que reparar») o una confianza caducada («¿quién me querría?», véase Confianza en uno mismo); en el otro, es el miedo (a ser engullido, a volver a sufrir, a equivocarse) el que hace huir en cuanto la cosa se vuelve real.
Ambos se trabajan en la raíz: son protecciones convertidas en prisiones, y a las protecciones se les da las gracias y luego se las actualiza.
Nuestro marco de intervención en hipnosis, y sus límites
Nuestro acompañamiento es individual: cada cual trabaja su parte, y los dos miembros de la pareja pueden consultar por separado (los acompañamientos permanecen estancos).
Para una pareja en crisis aguda que quiere trabajar en conjunto, la puerta adecuada es la terapia de pareja, una profesión por derecho propio. Le orientaremos con gusto, y nuestros acompañamientos individuales se combinan muy bien con ella.
Para saber más sobre algunos temas ligados a la vida amorosa
Consultar con Nuria Pérez de León
Nuria Pérez de León
MONTREAL - SAINT-LAMBERT - VIDEO
Hipnosis Humanista - Terapia Simbólica Avanzada - Hipnosis Ericksoniana / Coaching de desarrollo personal y profesional
Adultos - Adolescentes
Preguntas frecuentes sobre la Hipnosis para la Vida Amorosa
No es una enfermedad: es una seguridad interior que no ha podido construirse y que se construye ahora, convertirse en el propio punto de apoyo, desactivar el pánico al abandono, reaprender a existir por derecho propio.
El trabajo pide generalmente de cuatro a ocho sesiones, y no vuelve tibio el amor: lo vuelve libre, querer por elección y no por miedo al vacío.
Sí, porque los celos no son un rasgo de carácter sino una mecánica: un déficit de seguridad interior, un proyector de escenarios, comprobaciones que alimentan lo que dicen calmar. Cada piso se trabaja.
Una condición de honestidad: si sus celos controlan al otro (teléfono, salidas, cuentas), el trabajo empieza por detener esos comportamientos, y empezarlo es un acto de responsabilidad.
Primero distinguir: una inseguridad que sufre (y que se puede trabajar, pero por la propia persona, nunca por delegación) o un control que se ejerce (vigilancia, aislamiento, prohibiciones).
En el segundo caso, nombrémoslo: eso es dominación, no amor excesivo, y su seguridad va antes que el proceso de la otra persona.
No, y es una buena noticia: lo que no es casualidad se puede cambiar.
Nuestros «radares» amorosos están calibrados por aprendizajes antiguos: lo familiar atrae, incluso cuando lo familiar hace daño.
El trabajo identifica su esquema, desactiva lo que lo vuelve atractivo y, esto es lo más sorprendente, cambia lo que usted se fija en la gente.
Nuestros acompañamientos son individuales: cada cual su parte, y los dos miembros pueden consultar por separado, con total estanqueidad.
Para trabajar juntos en una misma sala, la puerta adecuada es la terapia de pareja, una profesión específica hacia la que orientamos con gusto; los dos caminos se combinan además muy bien.
Ni lo uno ni lo otro: esa decisión le pertenece, y desconfíe de quien la tomara por usted.
Lo que el trabajo aporta: apaciguar las imágenes intrusivas que giran en bucle, atravesar la herida, recuperar un suelo estable, para decidir en frío y no en caliente.
Y sea cual sea la decisión, la reconstrucción se acompaña.
La obsesión posruptura tiene su mecánica (los pensamientos en bucle, las comprobaciones de perfil, la esperanza que se reenciende con cada señal), y esa mecánica se desactiva: no es una cuestión de tiempo sino de bucles que cortar.
Nuestro artículo dedicado detalla ese trabajo, y la travesía del duelo amoroso tiene su propia página. Usted no está condenado a esperar a que se pase.
En absoluto, es incluso el núcleo del problema: una parte de usted quiere el vínculo, otra huye de él para protegerle (de ser engullido, de volver a sufrir, de equivocarse).
Esa protección tuvo sus razones; se ha convertido en una prisión. El trabajo le da las gracias y después la actualiza: comprometerse sin perderse es posible, y se aprende.
No, pero la reconstrucción no se decreta, se trabaja: el duelo de la vida anterior (véase Tristeza y Duelo), la confianza que hay que reparar (en el amor, y a menudo en uno mismo) y las lecciones sin las cicatrices, comprender lo que pasó sin concluir que el amor es peligroso.
Muchos de nuestros clientes vuelven a querer, de otra manera: menos por necesidad, más por elección.
Al terapeuta de pareja, en cuanto quieran trabajar juntos o la crisis sea aguda: es su profesión, y derivamos con gusto.
Al psicólogo o al médico, con prioridad si la relación se inscribe en un sufrimiento global (ánimo hundido, ideas negras, vivencia traumática), y de inmediato, junto con las ayudas especializadas, si su relación le da miedo, le controla o le aísla.
Hacemos esa clasificación con usted desde la primera entrevista.
La hipnoterapia es un acompañamiento complementario y no reemplaza ni una terapia de pareja, ni una atención médica o psicológica. Si su relación le da miedo, le controla o le aísla, contacte con las ayudas especializadas con prioridad.
Página redactada por Patricia Jouannet
hipnoterapeuta y coach PNL
colaboradora de Solutions Hypnose.
Versión en español revisada por Nuria Pérez de León