La Hipnosis para la Eritrofobia (Miedo a Ruborizarse)

Empieza la reunión, y usted sabe que su turno de palabra se acerca. Tres personas antes. Dos.

Siente el calor subirle por el cuello antes incluso de haber abierto la boca. Y en ese preciso instante solo cuenta una cosa: que no se note. Baja la cabeza, se deja el pelo por delante de la cara, busca una frase corta para acabar cuanto antes.

Después no recuerda lo que dijo. Recuerda el calor.

Así que se organiza. El cuello alto en vez del cuello abierto. El sitio del fondo. La pregunta que no se hace. La invitación rechazada. El puesto que no se pide.

Y lo más duro: es invisible para todo el mundo menos para usted. Nadie imagina que un día entero pueda organizarse alrededor del color de una cara. Lo que usted vive es frecuente, está documentado, y se puede trabajar. Pero probablemente no en la dirección que usted busca, y de eso trata esta página.

Una sala de reuniones vacía, con las sillas alineadas alrededor de una gran mesa clara

Ruborizarse mucho no siempre es cuestión de emoción.

Si su cara está roja de forma duradera, si se enrojece fuera de las situaciones sociales, después de una comida picante, una copa de alcohol, una bebida caliente, una ducha caliente o un esfuerzo, o si el enrojecimiento se acompaña de granos, picores o calor persistente, háblelo con un médico. Una rosácea, unos sofocos o el efecto de ciertos tratamientos pueden estar implicados, y eso se trata.

Esta página trata del miedo a ruborizarse, que es otra cosa. Ambos pueden coexistir, y saber de cuál se trata cambia por completo el camino a seguir.

¿Qué es la Eritrofobia?

La palabra eritrofobia designa el miedo intenso a ruborizarse en público y a ser juzgado por ello.

Una precisión de vocabulario, porque orienta todo lo demás. Las clasificaciones no trazan todas la línea en el mismo sitio: el índice francófono de la CIE-10 sigue situando la eritrofobia entre las fobias específicas, mientras que la investigación clínica y las clasificaciones recientes la tratan como una manifestación de la ansiedad social. El DSM-5 y la CIE-11 describen la ansiedad social como el temor a mostrar signos que los demás juzgarían mal, y el rubor es su ejemplo más citado, junto al temor a sudar, a temblar o a que se quiebre la voz. Es esta segunda lectura la que siguen los trabajos dedicados al miedo a ruborizarse, porque lo que se teme no es ni un objeto ni un lugar, sino la mirada de los demás. La distinción no es académica: señala otros enfoques distintos de los de las fobias a objetos.

Ruborizarse es normal. Es una reacción del sistema nervioso autónomo, involuntaria, que aparece cuando uno se siente expuesto a la mirada ajena. Darwin ya la calificaba como la más humana de todas las expresiones. Todo el mundo se ruboriza. La diferencia está en la importancia que eso adquiere.

El miedo funciona en dos planos

  • Antes: el miedo a ruborizarse, a menudo cuando todavía no está ocurriendo. La anticipación basta para desencadenar el calor.
  • Durante: el miedo a que se note, y a ser juzgado débil, emotivo o no estar a la altura.

A menudo se añaden otros temores: sudar, temblar, que se quiebre la voz. El punto en común es siempre el mismo: perder el control del propio cuerpo delante de los demás.

Tres distinciones útiles

  • Se confunde a menudo con la timidez, y no es lo mismo. Muchas personas tímidas no temen especialmente ruborizarse, y personas muy cómodas en público lo sufren. Vea La Hipnosis para la Timidez si la incomodidad es más general que la cuestión del rubor.
  • No es lo mismo que un enrojecimiento de origen médico. Una rosácea, unos sofocos ligados a la menopausia o a la perimenopausia, el efecto de ciertos tratamientos: estas causas producen un enrojecimiento real y se tratan. Vea La Hipnosis para la Menopausia y La Hipnosis para la Perimenopausia si los sofocos están implicados. En caso de duda, un médico lo resuelve en una consulta.
  • Y ambos pueden coexistir, que es el caso más desconcertante: un enrojecimiento bien real y, por encima, el miedo a que se note.

El tema general se trata en La Hipnosis para los Miedos y las Fobias.

Lo que usted siente, y lo que registra la medición

Es la aportación más útil de la investigación sobre este tema, y conviene formularla con precisión.

Varios equipos han medido en paralelo el rubor, mediante el color y la temperatura de la piel o el flujo sanguíneo del rostro, y la intensidad que la persona dice sentir. El resultado que más se repite es un desfase. En un estudio neerlandés con 57 mujeres, no apareció ninguna diferencia de coloración ni de temperatura facial entre quienes temían mucho ruborizarse y las demás, mientras que la intensidad declarada era claramente superior en las primeras.

Hay que decir también la otra mitad del cuadro, porque quizá sea la suya. Otros trabajos, con otras mediciones, han encontrado diferencias bien reales: un rubor que tarda más en bajar entre dos situaciones, y que por tanto se acumula a lo largo de una reunión; y, en una parte de las personas afectadas, una reacción efectivamente más marcada, que unos observadores sí detectaban. Los investigadores hablan incluso de dos perfiles distintos.

Dicho de otro modo: es posible que usted se ruborice como todo el mundo y que le parezca enorme, y es posible que se ruborice realmente más. En ambos casos, lo que se trabaja es lo mismo, y es el resto de esta página.

A esto se añade un mecanismo banal: todos sobrestimamos la atención que los demás nos prestan. Sus interlocutores están ocupados con sus propias preocupaciones, incluido, a veces, el temor a ruborizarse ellos mismos.

Un enrojecimiento facial duradero, que aparezca fuera de las situaciones sociales, o acompañado de granos, sensación de quemazón, sudoración importante o palpitaciones, merece ser evaluado por un médico. Varias causas médicas y varios tratamientos producen este tipo de reacción.

Y si la ansiedad social está presente casi todos los días y lleva a evitar de forma duradera el trabajo, los estudios o las relaciones, también se impone una opinión médica: existen abordajes reconocidos.

Toda decisión sobre su tratamiento corresponde exclusivamente al médico que se lo ha recetado.

El impacto del miedo a ruborizarse en el día a día

Dos personas sentadas a una mesa con ordenadores portátiles, las manos entrelazadas sobre la mesa

Lo que cuesta no es el rubor. Es toda una vida organizada a su alrededor. Ruborizarse dura un minuto; el miedo a ruborizarse ocupa las horas de antes y las de después, y es esa desproporción la que desgasta. Nadie a su alrededor percibe ese cálculo permanente: dónde sentarse, cuándo hablar, qué ropa deja el cuello a cubierto, qué reunión se resuelve por escrito. Desde fuera no se ve nada. Desde dentro, es un segundo oficio ejercido en paralelo al primero, todos los días, sin tregua y sin que nadie lo sepa.

La evitación se disfraza. Uno no dice que evita: está ocupado esa noche, prefiere enviar un correo, deja que presente un compañero. Desde fuera parece discreción; desde dentro es una serie de renuncias.

El trabajo se ve afectado: las intervenciones en público, las reuniones, las entrevistas, a veces un ascenso que supondría ser más visible. Vea La Hipnosis para la Asertividad en el Trabajo y La Hipnosis para el Rendimiento Artístico.

La vida amorosa y social también, porque las situaciones que importan son precisamente las que lo desencadenan.

Las estrategias de camuflaje consumen una energía considerable: maquillaje, ropa elegida para cubrir el cuello, el pelo delante de la cara, el sitio en la sala, la iluminación. Cada una alivia un poco, y refuerza la idea de que sí había algo que esconder.

El alcohol juega un doble papel, y conviene saberlo. Es un desencadenante reconocido de la rosácea y de los sofocos, así que puede enrojecer de verdad; y es el camuflaje químico más habitual en la ansiedad social, el que alivia esa misma noche y aprieta el nudo después.

La atención queda confiscada. Durante una conversación, una parte de usted vigila su propia cara en lugar de escuchar. Ese punto concreto explica por qué esos intercambios dejan un recuerdo borroso.

Y está la vergüenza de la vergüenza, esa impresión de que todo esto es ridículo, que impide hablar de ello y retrasa el paso durante años.

Los enfoques reconocidos fuera de la Hipnosis

El punto de entrada es su médico, tanto para descartar una causa física como para orientarle si la ansiedad social es importante.

  • Las terapias cognitivo-conductuales, que son el enfoque de referencia para la ansiedad social.
  • El entrenamiento en concentración en la tarea, desarrollado específicamente para el miedo a ruborizarse, a temblar y a sudar. Su principio es contraintuitivo: en lugar de controlar el síntoma, se reaprende a dirigir la atención hacia fuera, es decir, hacia la conversación y hacia el interlocutor.
  • La exposición progresiva, el entrenamiento en habilidades sociales y la psicoeducación, que figuran entre los enfoques establecidos para este síntoma.
  • La retroalimentación en vídeo, que consiste en verse a uno mismo en situación, y que ataca directamente el desfase entre lo que uno cree haber mostrado y lo que mostró.
  • La atención plena y la autocompasión, más recientes en este tema.
  • Un dermatólogo, en caso de rosácea o de enrojecimiento persistente.
  • Un tratamiento, si está indicado, recetado y seguido por un médico. Conviene saber que ningún medicamento actúa sobre el rubor en sí, pero los que tratan la ansiedad social pueden ayudar a algunas personas.

La hipnosis se sitúa como complemento de estos enfoques.

Unas palabras sobre la cirugía

Algunas personas, desesperadas, se informan sobre la simpaticotomía torácica, una intervención que interrumpe nervios del sistema simpático y que a veces se propone para el rubor facial. No somos quiénes para aconsejarle sobre este punto, y no lo intentaremos. Esto es solamente lo que dicen las publicaciones, en los dos sentidos.

Actúa, y sería deshonesto callarlo. Una revisión sistemática de nueve estudios y 1 369 personas operadas encuentra un buen alivio del rubor en cerca del 78 % de ellas, y una satisfacción completa en cerca del 84 %.

Las contrapartidas son importantes. Una sudoración excesiva aparece en otras partes del cuerpo en cerca del 74 % de las personas operadas, una sudoración desencadenada por la comida en cerca del 24 %, y casi el 7 % se arrepiente de la intervención. Hoy por hoy no existe un tratamiento fiable de esa sudoración compensatoria una vez instalada.

Y el efecto no está adquirido para siempre. El único ensayo aleatorizado realizado sobre esta indicación revisó a sus participantes a los dieciséis años de media: el 82 % seguía valorando el resultado como excelente o satisfactorio, pero el rubor había vuelto en el 41 % de ellos, más leve que antes en la mayoría de los casos, y el 77 % refería sudoración compensatoria.

Los propios autores de la revisión sistemática concluyen que ningún ensayo ha comparado esta cirugía con los enfoques no quirúrgicos, lo que impide cualquier recomendación firme. Si se lo está planteando, háblelo con su médico, pida una segunda opinión, e infórmese de lo que existe por otra vía.

Y si ya está operado, incluso si lleva mal la sudoración compensatoria, este tema también se trabaja, de otra manera. No está al final del camino.

La Hipnosis para el miedo a ruborizarse: objetivos y beneficios

Empecemos por lo que la hipnosis no hace.

No va a impedirle ruborizarse, y ese no es el objetivo. Ruborizarse es una reacción del sistema nervioso autónomo, que no obedece órdenes. No sustituye ni una opinión médica, ni una psicoterapia si la ansiedad social es importante, ni un tratamiento dermatológico. Y no le convertirá en alguien a quien la mirada de los demás no alcanza nunca.

Lo que busca un acompañamiento

  • Desplazar la atención. Es la palanca principal. Durante una conversación, su atención está clavada en su propia cara; el trabajo consiste en devolverla hacia fuera, hacia lo que se dice y hacia la persona que tiene delante. Esto se trabaja bien en hipnosis, porque se trata precisamente de un ejercicio de atención.
  • Reducir la anticipación, que a menudo desencadena el calor antes incluso de la situación.
  • Aflojar las estrategias de camuflaje, una cada vez y a su ritmo, para descubrir que la situación va bien sin ellas.
  • Cambiar lo que el rubor significa para usted. Mientras quiera decir «soy débil y todo el mundo lo ve», es insoportable. Cuando vuelve a ser un fenómeno corporal corriente, pierde su carga.
  • Trabajar la relación con la mirada de los demás, que va más allá de la cuestión del rubor. Vea La Hipnosis para la Confianza en Uno Mismo.

Por qué querer dejar de ruborizarse empeora las cosas

Es el punto central de esta página, y va en contra de lo que usted buscaba al llegar.

Para controlar su rubor, tiene que vigilarlo. Vigilar su cara supone dirigir la atención hacia ella. Y es esa atención dirigida hacia uno mismo la que amplifica la sensación de calor, aumenta la ansiedad y mantiene el rubor. El esfuerzo de control forma parte del problema, no de la solución.

Y esto no es una imagen. Un experimento pidió a 28 personas que cantaran o leyeran en voz alta mientras un experimentador, sentado a su lado, miraba fijamente una sola de sus mejillas. La mejilla observada se calentó más que la otra, en las dos situaciones, incluida la que no tenía nada de embarazosa. Cuando el experimentador miraba al frente, la diferencia desaparecía. El simple hecho de que una atención se pose sobre una zona del rostro basta, por tanto, para modificar allí el flujo sanguíneo. Volver la suya hacia su propia cara equivale a hacer lo mismo desde dentro.

Eso no significa que la atención lo explique todo: lo que usted cree que los demás van a concluir cuenta al menos tanto, y también se trabaja.

¿Cabe esperar que el propio rubor disminuya? Los ensayos que han medido ambas cosas muestran que el miedo a ruborizarse puede bajar claramente sin que el rubor medido cambie, lo que ya es considerable para la vida diaria. Algunas personas constatan además menos rubor, otras no. Por eso el objetivo de un acompañamiento nunca es impedirle ruborizarse, sino que eso pese menos. Ese camino es más largo de explicar, y mucho más honesto.

Lo que dice la investigación

Dos constataciones, y las damos en los dos sentidos.

Para el miedo a ruborizarse, el enfoque de referencia es el entrenamiento atencional combinado con una terapia cognitiva. Al menos cuatro ensayos lo han evaluado sobre este síntoma concreto, entre ellos un ensayo aleatorizado alemán con 82 personas, con una tasa de remisión del 69 al 73 % a los seis meses, y un ensayo francés realizado en el hospital de la Pitié-Salpêtrière con 55 pacientes. El trabajo de referencia, publicado en *Behaviour Research and Therapy* en 2006, comparó en 65 personas el entrenamiento en concentración en la tarea y una relajación aplicada, cada uno seguido de una terapia cognitiva: ambos resultaron muy eficaces, y es al año cuando el entrenamiento atencional toma ventaja, por una modificación duradera de la orientación de la atención. Es esta literatura la que fundamenta el principio adoptado aquí: redirigir la atención en lugar de combatir el síntoma.

Sobre la hipnosis, no existe ningún ensayo referido al miedo a ruborizarse. Lo hemos buscado: en ese cruce, la literatura médica indexada solo contiene dos observaciones de casos aislados, publicadas en 1956 y en 1978, sin grupo de comparación. Es poco, y lo decimos.

Lo que existe es menos directo, y de dos órdenes. Primero, un metaanálisis publicado en 2019 en el *International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis*, sobre quince estudios y diecisiete comparaciones, que refiere un descenso de la ansiedad más marcado en las personas acompañadas con hipnosis que en los grupos control, y mejores resultados cuando la hipnosis acompaña a otras intervenciones que cuando se emplea sola. Segundo, dos trabajos recientes han evaluado la hipnoterapia en 69 personas con trastorno de ansiedad social, a lo largo de seis sesiones semanales, y han observado una modificación de los marcadores cerebrales de la atención prestada a los rostros percibidos como amenazantes. Sus límites deben decirse: los grupos control no recibieron ningún tratamiento, los criterios medidos son sobre todo electrofisiológicos, y se trata de un solo equipo. Estos resultados no demuestran una eficacia clínica, pero recaen sobre el mecanismo mismo del que esta página hace su tema.

Proponemos por tanto la hipnosis como un apoyo, sobre un principio tomado de lo que sí funciona, y no como un método cuyo interés estuviera demostrado en este tema concreto.

Un ejemplo de acompañamiento

*Ejemplo ilustrativo. El nombre está cambiado y el recorrido descrito solo compromete a la persona que lo vivió.*

Un hombre de pie ante una pantalla en una sala de reuniones luminosa, aplaudido por sus compañeros sentados

Thomas, ingeniero, acababa de rechazar un puesto que le interesaba porque suponía dirigir reuniones con clientes. Se ruborizaba desde la adolescencia, llevaba cuellos altos todo el año, incluso en verano, y evitaba las videoconferencias con la cámara encendida alegando una conexión caprichosa. No se lo había contado a nadie, ni a su pareja ni a su médico, y llegó a la primera entrevista advirtiendo de entrada que su petición le parecía un poco ridícula.

La primera entrevista sirvió para establecer algo que nunca había formulado: no sabía hasta qué punto se ruborizaba realmente. Nadie se lo había comentado jamás, salvo una vez, en el instituto. Toda su certeza se apoyaba en una sensación interna.

El trabajo se centró en la atención, primero en sesión y luego en situaciones reales, con un ejercicio deliberadamente insignificante: contar cuántas veces su interlocutor tocaba su taza. Después, en una estrategia de camuflaje cada vez, empezando por la cámara en videoconferencia.

> «Sigo ruborizándome. Pero ya no me paso la reunión pensando en ello, y así oigo lo que me dicen.» > Thomas, nombre cambiado

No volvió a presentarse al puesto que rechazó. Dice que se plantea el siguiente. Cada situación es diferente, y el recorrido de Thomas no prejuzga en nada lo que usted vivirá.

El desarrollo de una sesión de Hipnosis sobre este tema

La entrevista. En qué situaciones ocurre, qué hace usted para ocultarlo, qué evita, y desde cuándo. Le preguntaremos también si un médico ha mirado ya ese enrojecimiento, y si aparece fuera de los contextos sociales.

El objetivo. Formulado conjuntamente, y nunca en la forma «dejar de ruborizarme». Más bien: hacer una pregunta en la reunión del jueves, o mantener la cámara encendida en la videoconferencia del lunes.

La inducción. Un estado natural de atención focalizada que usted ya conoce sin nombrarlo. Permanece consciente, lo oye todo, puede hablar y parar cuando quiera.

El trabajo. En este tema se centra sobre todo en la orientación de la atención, en la preparación de una situación concreta, en lo que el rubor significa para usted, y en el abandono progresivo de una estrategia de camuflaje.

El retorno y el ejercicio. Un intercambio sobre lo que ha vivido, un ejercicio de autohipnosis para llevarse, y a menudo un ejercicio de atención muy concreto para practicar en conversaciones corrientes, donde no hay nada en juego.

Las sesiones funcionan en consulta igual que por vídeo, y esta última es a veces un primer paso útil en sí mismo. El número de sesiones se define en la primera entrevista.

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Dos sillones enfrentados en un despacho luminoso de Solutions Hypnose

La primera entrevista sirve, entre otras cosas, para determinar si la hipnosis es el recurso adecuado para su situación. Si su enrojecimiento aparece fuera de los contextos sociales, o si la ansiedad social le ocupa casi todos los días, es a un médico a quien hay que ver primero, y se lo diremos. Nunca es un rechazo, no retrasa nada, y nada le impide volver después: muchísimas personas hacen exactamente ese camino.

En consulta, Nuria Pérez de León recibe en español en Montreal y en Saint-Lambert. Por videoconferencia, esté donde esté en el mundo. El modo de empleo está aquí.

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En Quebec, Info-Social 811, opción 2: un servicio de consulta telefónica gratuito y confidencial, 24 horas al día y 365 días al año, accesible desde Quebec. Responde en francés y en inglés.

También en Quebec, Phobies-Zéro acoge a las personas mayores de 14 años que viven con un trastorno de ansiedad, y a sus allegados, mediante grupos de apoyo presenciales y a distancia. Y Relief ofrece acompañamiento individual y talleres de autogestión para la ansiedad. Ambos funcionan principalmente en francés.

Fuera de Quebec, diríjase al servicio de salud de su país: un médico de familia es el punto de entrada adecuado, y es quien puede orientarle hacia un terapeuta formado en terapias cognitivo-conductuales.

Fuentes y referencias

Sobre la ansiedad social y el rubor

Sobre el enrojecimiento de origen médico

  • Rosacea. NHS, en inglés. Fuente de la lista de desencadenantes del recuadro: alcohol, platos picantes, bebidas calientes, sol, temperaturas extremas, ejercicio, estrés.

Sobre el mecanismo atencional

Sobre los abordajes

Sobre la cirugía

Sobre la hipnosis

En niños y adolescentes

Y los artículos vecinos

La hipnosis tal como la practican los miembros de Solutions Hypnose es un enfoque de acompañamiento complementario. No constituye ni un acto médico, ni un diagnóstico, ni una psicoterapia en el sentido reglamentario, y no sustituye en ningún caso a una consulta, un seguimiento o un tratamiento prescrito por un profesional de la salud.

Nuestros profesionales no evalúan ni tratan los trastornos mentales o las enfermedades. Nunca piden la interrupción o la modificación de un tratamiento en curso: esa decisión corresponde exclusivamente a su médico.

No se puede garantizar ningún resultado. Los testimonios y ejemplos presentados en esta página describen experiencias individuales y no prejuzgan lo que usted vivirá.

En caso de malestar importante, de síntomas físicos inexplicados o de pensamientos suicidas, contacte sin demora con un médico, los servicios de urgencia o una línea de ayuda.

Nassim Zafar

Página redactada por Nassim Zafar
hipnoterapeuta y coach PNL
colaboradora de Solutions Hypnose.
Versión en español revisada por Nuria Pérez de León

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